23:21

Cuando te conocí (Parte 3 y Final)



En la primera cita creyó que no me había gustado nada, pero cómo no era cierto puse más interés en la segunda. Me puse falda y botas de tacón bajo para la ocasión.
Toda una hazaña lo del tacón ya que suelo usar suela plana y así me fue.

De camino a un vips metí el tacón en un agujero de la acera y casi me voy de morros.
Al llegar según pasamos por la sección de revistas, trastabillé un poco en mi andar y tiré tres o cuatro por los suelos.
Me tropecé con una valla de tantas que hay por el centro de Madrid, en este caso la Gran Vía, y provoqué sus carcajadas. Creyó que me acercaba a él al andar para que me abrazara, pero sólo intentaba no tropezar más.

Él ya intuía debido a mis torpezas y actitud que me gustaba. Yo no lo sabía y decidí jugármela. Le mandé el relato que le escribí de “Con un par de alas” y la canción de “Rojitas las Orejas”. Se me ponen si me besas, rojitas las orejas.
Al relato contestó que aunque era pequeñita la balanza caía de mi lado y a la canción, que ya se fijaría cuando me besara si se me ponían rojas las orejas. Según leí esos mails, me puse a hacer gestos de victoria yo sola en mi habitación cómo una gilipollas.

Ya en la siguiente cita estaba expectante, porque había no insinuado sino dicho claramente que iba a besarme.
Estuvimos en un irlandés, en el que estaban echando un programa de pelis porno en la tele y no paraba de ponerme roja y a continuación fuimos a otro. Pero yo veía que iban pasando las horas, las tres, las cinco de la mañana y él no me besaba. Además de que el último sitio cerraba a las seis.

Empecé a pensar que había hecho algo mal, o había cambiado su opinión respecto a mí y cómo se me notaba la decepción en la cara, me preguntó que qué me pasaba.
Contesté vagamente que según lo último que me había escrito, esperaba otra cosa.
En un principio se hizo el loco, aunque sabía perfectamente de lo que le estaba hablando y al final acabo diciéndome que todo llega.
Aún así se encendieron las luces del local a las seis menos algo, señal inequívoca de que cerraban en breve, a lo sumo quince minutos más y yo había perdido toda oportunidad.

Cavilando todas estas cosas tomé una determinación, no sabía cómo me iba a atrever porque yo no había dado ese paso nunca, pero le iba a besar.
Pensé que si se tenía que quitar que se quitase, pero que no me iba a quedar toda la vida con esa duda y habiendo desperdiciado la ocasión.
Una vez tomada la decisión dejé de pensar y lo besé, un fugaz roce de labios para después esconder la cabeza en su hombro debido a la vergüenza que estaba pasando.

Después me besó él y así comenzó todo. Aunque yo no me enteré hasta dos semanas después en que un actor de teatro, antes de entrar a una función, nos preguntó si éramos pareja y él contestó que sí. Ciertas cosas o me las aclaran, o no me doy por enterada.

14:07

Cuando te conocí (Parte 2)




Según llegamos a este bar de copas y me quité el abrigo vi cómo me miraba, llegando a pensar que me contemplaba el escote. Me vino un ramalazo de olor a colonia y pregunté:
-¿Esa es la colonia que dices que te gusta?
-Sí, ¿te ha llegado el olor?
-Si es que te has debido echar medio frasco porque se huele a tres kilometros, la mía tendrías que acercarte a olerla al cuello.- Diré en mi defensa que traíamos pique ya, siempre metiéndonos un poco el uno con el otro y prefería meterme yo con él antes de que se cebara él mucho conmigo.

Después de este comentario, ya empezaba a tener ganas de robarle un beso. Nos despedimos en la puerta del metro casi a la una y me quedé mirando cómo se iba por si se volvía a verme aunque no lo hizo.

Debo de aclarar un par de puntos descubiertos tiempo después, por hacer honor a la verdad a sabiendas que soy muy susceptible de ser objeto de burla, porque no es para menos.
1. Los labios secos no eran por conocerme, tiene un problema respiratorio y al tomar aire por la boca se le secaban.
2. Mientras a mi me parecía un pijo roedor por esos rombos que le resaltaban los mofletes, yo a él le parecía una zarrapastrosa con mi viejo abrigo verde y yo que creía que me había arreglado bien para la ocasión.
3. Cuando yo creía alegrándome que me miraba el escote, él lo que me estaba mirando eran los muslos enfundados en unos vaqueros, pensando que ya sabía que estaba delgada pero sin haber imaginado que tanto.

En principio nos repelimos un poco, pero al final ninguno nos queríamos despedir. Para que luego digan que la primera impresión es la que cuenta. Menos mal que no.

Continuará……

Aquí acaba la primera cita, las posteriores las resumiré mucho en una sola entrada hasta llegar al desenlace que sino esto ya se hace largo y pesado.


13:09

Cuando te conocí


http://madridfotoafoto.blogspot.com/2009/02/con-un-par-de-alas.html

Después de leer este relato de cuando iba a conocer a mi pareja, alguno me sugeristeis que contara la continuación porque había curiosidad por saber lo que sucedido después. A ver que tal me sale e intentaré atenerme a la realidad. Lo que no sé es cómo el pobre no salió corriendo.

*Cuando le conocí llevaba su chaquetita gris y me esperaba cerca de la osa con el madroño.
Después de tanto chatear y mandarnos fotos, me pareció muy alto.
Empezamos a hablar de cualquier cosa, a ver si recuperábamos en persona las buenas charlas y confianza que teníamos antes de conocernos, aunque a algunos esto les parezca raro.

Observé que se le secaban los labios, deduje que estaba nervioso por la situación de conocernos y pensé en que ojalá se pasara la noche rápido para poder irme a mi casa. Muy cruel, lo sé.
Sentados comiendo un sandwich, se quitó la chaqueta y vi su jersey de rombos. Nunca me ha importado un pepino cómo le queda la ropa a la gente, pero en este caso mientras le veía comer y miraba esos rombos resaltones, me imaginaba un roedor pijo. A día de hoy sigo teniendo manía a esos rombos.

Con el estómago lleno, le llevé a la librería de "La Buena Vida" de David Trueba a tomarnos algo. Cómo le veía un poco gafapastil, le quería impresionar con eso de estar en un bar/librería.
Le gustó mucho y se puso a observar las chapitas de mi bolso mientras estábamos sentados.
De hecho leía una que sabía que me iba a reír y le dejé sin ningún tipo de pudor.
-"Un jodido tonto del culo me está mirando".-Eso tenía escrito, se le quedó una carita que me partí.
Tocamos muchos más temas y se me ocurrió que fuéramos al Templo del Gato. Ya no tenía tantas ganas de irme y él tampoco hacía la intención.

Continuará....